

por tus labios inmortales que aún perfuman la bombilla,
la colcha aún guarda la ternura de tus formas,
inolvidable clavada por siempre en mi piel,
un tibio cabello en la almohada tan sólo me dejaste,
donde, vida, brillarán tus ojos de noche en flor,
la lluvia reza en los vidrios su milonga triste,
y la lámpara castiga iluminando tu ausencia.
Julio Huasi ("el punto" de su libro Bandolor)
Nunca, hasta ese día, había creído en el género de terror en sus múltiples representaciones (películas, literatura,...). Pensaba que era sólo la necesidad estética de los creadores para recrear un sentimiento irracional como es el miedo.
Sin embargo, desde que le dijo a las paredes que abandonaba la casa en la que hasta ese día había vivido por una mujer que residía en otra ciudad, toda la vivienda pareció rebelarse contra él: un plaga de cucarachas (muy bíblico) invadía la cocina, el agua se cortaba intermitentemente, la luz iba y venía a su antojo, la lluvia del exterior se colaba entre las rendijas de sus ventanas, los objetos (muertos hasta entonces) resucitaban y se suicidaban cayéndose de sus manos, la cama lo abrazaba, lo sujetaba, con tal fuerza que le impedía levantarse, las paredes crujían de dolor...
Y él, asustado, sólo contaba los días que faltaban para irse, temiendo que el edificio se derrumbase y lo dejase enterrado para siempre.