Nadie ocupa la silla de mi padre. La presencia invisible.
¿Estúpida supersticioón?. Mi padre está ahí, sentando aunque alguien se siente en su silla.
¿Homenaje al vacio? ¿A la muerte?
Nadie ocupa la silla de mi padre. La presencia invisible.
¿Estúpida supersticioón?. Mi padre está ahí, sentando aunque alguien se siente en su silla.
¿Homenaje al vacio? ¿A la muerte?
Mi padre ha muerto y, como si fuera una ironía del destino, yo llegué unos minutos tarde, contradiciendo su filosofia sobre el tiempo y la vida
Siempre hay que llegar con mucha antelación a los lugares por si hay algún imprevisto.
Sin embargo, ¿cómo calcular la imprevisible muerte?
Mi padre anda en 45º.
Subimos de misa, como cada domingo. Anda, por estandarizar el lenguaje, arrastrando los pies. La mirada en el suelo, pero es incapaz de ver sus pies porque la inclinación de su cuerpo es de 45º. Apoya su cuerpo en mi, sus pequeños brazos, cada vez más pequeños, se sujetan en mis manos.
Llegamos a la puerta de la calle de su casa. Está agotada. Me mira como si no fuera más que el bastón que se usa para apoyarse, como un objeto inanimado, como un apéndice necesario. Estamos los dos mirandonos a los ojos, el sin verme y yo viendo a alguien que fue mi padre.
- Entrem -me dice como siguiente acto lógico.
Me da las llaves, después de rebucarlas infinitamente en el bolsillo del pantalón. Lentamente porque la vida en 45º debe ser difícil.
Mañana complicada. Discusiones y violencia verbal gratuita. La amenaza, la única forma de compra-venta de cierta tranquilidad.
La (re)lectura de Drácula me devuelve, paradójicamente cierto sosiego porque parece justificarme la maldad innata en el ser humano, incluso la innata maldad inconsciente. El placer del mal, del dolor, por el simple placer de provocarlo, como el ansia de pervivir en el recuerdo del dolor, de aquel a quien se le provoca el dolor. ¿Es necesario regodearse en el dolor? Quizá el dolor como única forma de supervivencia... En el caso de hoy, las doce primaveras de la imberbe muchacha, ¿puede significar que realmente la maldad es innata? ¿Es un problema de salud mental? ¿Simplemente provocación hormonal? No lo entiendo.
El personaje de Bram Stoker anhela la eternidad, el placer de poseer, la necesidad de ser superior, pero la imberbe muchacha no sabe quién es Drácula.
Bonsoir inocencia,
bonjour picardía.
El umbral entre la noche y el día, simplemente despertarse en el momento exacto en el que uno tiene que miccionar después de una larga duermevela.
Diez años, simplemente diez años.
Bonjour, ya no dormirás bien nunca más.
Me gustaría mandar el mundo a la mierda, pero me encuentro con dos dificultades. La primera es que no sé dónde está y la segunda es que iría yo también.
Maldito Heisenberg.
Hace cosa de un año, trabajaba rodeado de violencia. Escribí unas entradas en papel que culaquier día las paso a esta bitácora
Hoy un nuevo episodio de odio: amenazas del tipo me aplaudiría si le dieran una paliza, ataques xenófobos como deberían quitarle los papeles, amenazas directas de violencia... y mucha omisión que asentía y mucho silencio, demasiado silencio, para tanto ruido. Hace cosa de un año pensé que esa violencia era fruto del entorno, hoy puedo asegurar que es fruto de toda la sociedad, de la sociedad que los educadores somos incapaces de cambiar.
El tiempo sigue. Yo me inmovilizo ante el dolor que parece estancado en un estanque. Estancado.
Siempre he sido un pésimo cocinero. Nunca he sabido calcular la cantidad necesaria de pasta, arroz o agua para que la comida salga como debe salir. Si hay otro criterio para el placer de la comida, yo lo desconozco. Lo mismo pasa en mi cabeza. Nunca sé controlar el límite de preocupaciones que caben dentro de ella, la cantidad exacta para que no sobrepase. Así que para evitar que estalle mi olla a presión he optado por escribir este post. Veremos si consigo liberar la presión del vapor de mis pensamientos.
La vida se ha tranquilizado, al menos aparentemente. Días de un sol legañoso parecen fluir sin el ruido pretérito. De momento.
Mi espalda es la montaña que antecede al dolor.
El cuello, el paso angosto hacia las llanuras cerebrales donde las marismas grises se bañan en un continuo y leve malestar, paliado por las píldoras verdes de la farmacia.
Y la boca, el delta con cinco islas perladas rodeadas de llagas que no sangran.
Por lo demás, hoy es un maravilloso viernes.
Aliteración, anáfora, epanadiplosis, epífora, reduplicación... Eliminemos las figuras retóricas de repetición del lenguaje cotidiano.
La vejez es el umbral de la muerte en un edificio en ruinas.
Si, como un invitado de piedra, miras la puerta de cuyo quicio ves cómo cuelgan las bisagras arrugadas y oxidadas y entiendes tristemente que tú anfitrión no logre cerrar la puerta, como si una mano invisible la empujara hacia adentro o como si alguien, invisible, hubiera puesto el pie para evitar, como una broma pesada, que puedas desanclarte de esa ansia de cerrar.
Y entonces, el anfitrión se duerme tras una luz catatónica.
Vivo en una cansancio extremo. Las dificultades del pasar, del ir viviendo me hastían. No quiero problemas.
Sin embargo, una mezcla de culpa (fruto de la tradición judeocristiana) y una responsabilidad ética (no sé si bien entendida) no me permiten escabullirme de la vida,, hibernar hasta que el frío de los problemas hayan amanecido y pueda disfrutar del sol.
Yo que siempre fui una persona de invierno.
Acabo de leer la última entrada de esta bitácora y me sorprende la promesa de escritura. A pesar de ello, la escritura existe, como antaño en papel.
La digitalizo como forma de repensar lo escrito
Ahora que nadie me lee (de nuevo, pues los pocos se han cansado del F5), vuelvo a retomar la escritura y fotografía de este blog, con la misma intención con la que empecé.
La bitácora personal para mi mismo. Nadie más. Mi diván donde mis palabras vuelven a funcionar, porque mi rabia debe salir por algún lugar.