La gente que me conoce dice que soy tímido, introvertido. Sin embargo yo, que a veces dudo si me conozco lo suficiente, creo que mi mudez (símbolo extremo de mi supuesta timidez) se debe a las agrias y acaloradas discusiones, a grito pelado, que mantengo con la realidad (a la que me cuesta entender) hasta quedarme afónico.
En estas extrañas discusiones casi siempre acabo perdiendo.